Las sonrisas regaladas de mi vieja

Feliz cumpleaños Ampis!

Creo que te he dicho que mi primera memoria es abrir los ojos de una siesta en tus brazos, y verte sonriendo. Estamos en un barco, atravesando el océano Pacífico, viajando, parece, hacia el sol. Desde entonces me has regalado 30 años de sonrisas. Sonreíste con ternura en esa primera memoria, y mientras yo aprendía a crecer y me equivocaba tú sonreías con compasión. Sonreías con alivio cada vez que las sesiones de quimioterapia del Sebas terminaban, y sonreíste un sol entero después de la última. Sonreíste también años después cuando el Sebas te mostró entre las vísceras del Supermaxi un riñón y dijo: “Mami, me compras uno de estos?”

ampis

Sonreías al llegar a la casa después de un día largo de trabajo. Sonreíste también cuando la pubertad me convirtió en un signo de advertencia, y hasta en los momentos más preocupantes de mi juventud (un par con policía involucrada) sonreías después del castigo y la lección aprendida.

Con lágrimas en los ojos sonreíste también cuando me fui por primera vez, y le sonreíste a la gringita cuando le ayudaste en el hospital. Sonríes a la distancia y sonríes cada vez que nos abrazamos en las puertas de tantos aeropuertos. Entre llantos de felicidad sonríes cada primero de enero cuando después del cero la familia se abraza. Sonreíste cuando mi ñaña dijo “sí.” Sonreíste con la llegada de tus nietos, con el sueño cumplido de la casa perfecta. Sonríes cuando el tono de la llamada internacional se conecta. Cada vez que le llamas a la Lolita, cada llamada de mi ñaña, cada vez que le perdonas a mi papá por sus bellas ridiculeces (esas ridiculeces que tan a pesar de uno se heredan). Con cada sol, con cada día tibio, con cada café en la noche, con la luz del velador apagándose, sonrisas!

Te levantas todos los días lista para regalar sonrisas a quien se te cruce. Hacer sonreír a la gente es ahora tu profesión. En la distancia te imagino sonriendo a tus compañeros de clase, mientras estudias. Veo las sonrisas detrás de los documentos subrayados, de los cuadernos donde anotas las voces de tus pacientes, que poco a poco se van animando a sonreírte.

Gracias, vieja bella, por tanta sonrisa. No solo porque iluminan mis días y los días de tantos, sino porque son lecciones de vida. Con ellas nos has enseñado que la felicidad, la sonrisa propia, se mide por la cantidad de gente que sonríe a nuestro alrededor. Así viajo por la vida, Amparito, como en un barco atravesando un océano iluminado de sonrisas, tratando de asegurarme de que todos los pasajeros que me acompañan se bañen un poco de ese sol. Así que por tu cumpleaños quiero regalarte una sonrisa de vuelta, quiero que sepas que detrás de estas líneas estoy yo, a pesar de la distancia, pensando en ti. Te imagino leyendo estas líneas hoy, en tu cumpleaños. ¿Estás sonriendo? ¡Yo también! Ese es mi regalo de cumpleaños, la celebración de tu vida y la de nuestra hermosa familia: una sonrisa.

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One thought on “Las sonrisas regaladas de mi vieja

  1. Anonymous says:

    Hijo mio como no sonreir ante tantas cosas hermosas que me regala la vida cada dia, por estos hermosos hijos y por todos los seres queridos que me acompañan en este caminar!!!!Gracias precioso mío!! Gracias por recordarme siempre lo importante, lo primero y lo mejor! La presencia de ustedes en mi vida!! LES AMO!!! Este cumple es el fin de un ciclo y el hermoso inicio del siguiente. Gracias, gracias, gracias!!!!!

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